
Hacer compost casero parece sencillo, pero muchos principiantes se encuentran con problemas que podrían haberse evitado fácilmente. La buena noticia es que la mayoría de los errores tienen solución, y entender las causas te permitirá obtener un compost de excelente calidad, sin olores y lleno de vida para tus plantas. Este artículo repasa los fallos más habituales, por qué ocurren y cómo corregirlos con métodos simples y naturales.
No mantener el equilibrio entre materiales secos y húmedos
Uno de los errores más comunes es no respetar la proporción ideal entre materiales marrones y verdes. Los residuos húmedos o “verdes”, como las cáscaras de frutas, verduras o el césped cortado, aportan nitrógeno y humedad, pero si predominan demasiado la mezcla se vuelve pegajosa y empieza a oler mal. En cambio, los materiales secos o “marrones”, como las hojas, ramas o cartones troceados, aportan carbono y aireación, evitando que el compost se compacte.
El truco está en observar el aspecto del compost: si está demasiado mojado y oscuro, añade materiales secos; si se ve muy pálido y sin actividad, añade algunos restos frescos. Este equilibrio es la base de todo buen compost.
No remover la mezcla con suficiente frecuencia
El compost necesita oxígeno para descomponerse de forma adecuada. Si no lo remueves al menos cada dos semanas, los microorganismos que transforman los residuos en abono dejan de trabajar correctamente. La mezcla se vuelve anaeróbica, es decir, sin aire, y genera gases malolientes.
Remover la pila con una horquilla o pala no solo evita los malos olores, sino que acelera la descomposición y distribuye uniformemente la humedad. Si usas una compostera cerrada, asegúrate de que tenga orificios de ventilación.
Ignorar la humedad y la temperatura
Otro error típico es no comprobar la humedad. El compost debe sentirse como una esponja escurrida: húmedo, pero sin gotear. Un exceso de agua ahoga los microorganismos, mientras que la sequedad detiene el proceso. Si el compost está muy seco, añade un poco de agua o restos verdes; si está empapado, incorpora hojas secas o cartón.
La temperatura también es clave: si notas que el compost deja de calentarse, probablemente necesite más aire o nuevos materiales frescos. Un compost activo debe mantenerse templado, especialmente en los primeros meses.
Añadir materiales inadecuados
Muchos principiantes tiran al compost cualquier resto orgánico sin pensar si conviene o no. Los alimentos cocinados, la carne, el pescado, los lácteos o los aceites no deberían entrar en la compostera, porque atraen insectos y generan fermentaciones indeseadas.
Usa solo residuos vegetales crudos y restos de jardín limpios. Si tienes dudas, recuerda esta regla simple: “si lo comerían los gusanos del jardín, probablemente sirva; si huele mal o tiene grasa, mejor no”.

Dejar el compost sin cubrir o mal ubicado
Dejar el compost al aire libre sin protección puede arruinarlo. La lluvia excesiva lo empapa y enfría, mientras que el sol directo lo seca demasiado rápido. Coloca la compostera en un lugar con sombra parcial, preferiblemente sobre tierra y no sobre cemento, para que los organismos del suelo puedan acceder a la mezcla.
También es importante cubrir la parte superior con una tapa o lona ligera que evite la pérdida de humedad y la entrada de animales.
🌱 Consejos prácticos
- Remueve el compost cada 10-15 días para mantenerlo aireado.
- Mantén la humedad como una esponja escurrida, nunca empapada.
- No uses pan, carne, ni restos con aceite o salsa.
- Cubre la compostera para protegerla del sol y la lluvia.
- Usa siempre una base de ramas o cartón para mejorar la ventilación.
Preguntas Frecuentes
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